Los retos de la UE el año en que el euro cumple una década

Ya se da por hecho que 2012 no será un año bueno para la Unión Europea. La asfixia financiera y el castigo de los mercados por la falta de un plan creíble hacen prever más tensiones y mayores compromisos a nivel comunitario. La crisis financiera internacional, que tuvo su punto de eclosión en Estados Unidos con la caída de Lehman Brothers, ha sabido reinventarse y perdurar en el tiempo trasladando su foco más candente al continente europeo tras la espiral griega de déficit, estadísticas falsas y deudas desorbitadas.

El trader de bolsa Josef Ajram afirmó en el programa Salvados que los mercados han abandonado su empeño por especular con los grandes bancos al darse cuenta de que pueden obtener mucho más si van directamente contra un estado. Que España e Italia puedan sortear con éxito sus necesidades de financiación y que el Banco Central Europeo orqueste una política adecuada serán dos grandes pilares que aliviarían el futuro más inmediato de los Veintisiete, pero el horizonte no se vislumbra certero, y mucho menos optimista.

Uno de los grandes retos de la UE para 2012 será la posible creación de una agencia de calificación europea. Romper el monopolio estadounidense y establecer en Bruselas una propia es un debate que se plantea desde hace años incluso en la sede del Parlamento Europeo. Pero será sumamente importante estudiar cómo se pretende poner en marcha, cómo planea erigir su propia reputación y cómo deberá ‘venderse’ para que los mercados confíen más en su criterio que en el de las tradicionales. El frente ciudadano será el foco al que Bruselas deberá prestar especial atención. Por un lado, evitando fracturas territoriales entre los ciudadanos del sur y los del norte: empiezan a percibirse signos evidentes de apatías crecientes (por un lado, los europeos del norte que perciben que sus vecinos del sur les llevarán hacia la ruina económica y por otro, los del sur, que culpan de los recortes sociales a las presiones de sus vecinos septentrionales).

Por otro lado, y tras años de preparación e intensas negociaciones, la reforma de los Tratados pendiente para las próximas cumbres del Consejo Europeo (la más cercana a finales de mes) deberán preparar los mecanismos jurídicos de la Unión para contar con un nuevo miembro de cara al año 2013: Croacia, que ayer mismofinalizaba la fase final de su adhesión con el resultado positivo del referéndum. La Política de ampliación es uno de los mayores éxitos de la historia de la UE. Pero habrá que ver cómo se adapta el pequeño país balcánico en uno de los momentos más difíciles a nivel de unión y a nivel de credibilidad, cuando el modelo social y de crecimiento de Europa está siendo cuestionado en todo el mundo y cuando su moneda única ha desestabilizado a todo el continente.

La bandera de Croacia y la bandera de la UE formando el número 28 es uno de los símbolos que los partidarios del sí han utilizado durante la campaña del referéndum.

Croacia entrará en la UE justo cuando se ha abierto el debate de posibles salidas: los medios de comunicación, especialmente los británicos, han planteado una hipotética salida de Reino Unido tras optar por no incluirse en el último acuerdo alcanzado en el Consejo Europeo sobre mayor integración fiscal y económica.

El euroescepticismo no sólo vive sus cotas más altas en el país anglosajón. En Francia el debate sobre la viabilidad de seguir en la Unión ni se plantea entre los principales partidos, pero no es así en el caso de Marine Le Pen, que no titubea al exigir la vuelta al franco y la salida del euro. Los índices de popularidad de Le Pen están subiendo y a nadie le parecería descabellado que se colara en la segunda vuelta de las presidenciales de 2012. Otros países europeos comoFinlandia y Suecia, entre otros, están viendo emerger partidos de extrema derecha con discurso anti-europeo.

Está por ver si la envergadura de las decisiones que tomen los políticos que llevan las riendas del continente estarán a la altura de las circunstancias. Lo claro es que ni las medias tintas ni las ambigüedades serán buenas para el futuro del continente: la clave estará en una de dos posibles soluciones: dar pasos contundentes hacia una unión poco ambiciosa que se limite a las relaciones comerciales o hacia el principio de una Europa federal, como ha afirmado recientemente el ministro español de Asuntos Exteriores, José María García-Margallo.

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