Futuro del presupuesto de la UE: menos objetivos, más resultados

La Unión Europea inició en el año 2010 las conversaciones y reuniones técnicas para empezar a debatir dónde irá el dinero comunitario cuando finalice el año 2013. Por ahora, y al menos hasta el año 2020, la UE funciona mediante un marco financiero de 7 años en el que se agrupan las categorías de gasto y se establece un techo de gasto anual. El marco financiero para el periodo 2014-2020 ya empieza a vislumbrarse, y Bruselas ya reconoce abiertamente que redactará unos presupuestos menos ambiciosos pero más efectivos.  La UE reconfigura el presupuesto europeo con el objetivo general de concentrar esfuerzos y obtener resultados más tangibles.

Ayuda oficial al desarrollo

El declive de la Unión Europea como actor mundial es una realidad que se ha acelerado con la crisis financiera internacional. Pero si hoy por hoy ejerce un liderazgo del que se siente orgullosa, es el de ser el primer contribuyente a nivel mundial en términos absolutos de ayuda oficial al desarrollo. La UE y los Veintisiete son el primer donante a nivel mundial. Sin embargo,  esto no ha repercutido en la proyección de la UE como actor con capacidad de acción, decisión y persuasión en la escena internacional. Muy al contrario, se ha visto relegada al papel de observador pasivo en situaciones tan trascendentes como las negociaciones con Irán para frenar su programa de enriquecimiento de uranio o el proceso de paz entre Palestina e Israel. La primavera árabe también ha servido para que la Política Europea de Vecindad extraiga valiosas lecciones: si se niega a mantener relaciones fluidas con regímenes carentes de libertades como la Cuba de Raúl Castro, no puede mantener un acuerdo de asociación avanzado con regímenes como la Libia de Gadaffi.  Lo cierto es que, fruto de estas reflexiones, y en un contexto financiero complicado, Bruselas ha decidido reducir el número de países destinatarios de su política de Cooperación al desarrollo y vincularla al nivel de democracia y derechos humanos en los países beneficiarios.

Los 7 años que transcurren de 2014 a 2020 se destinarán a menos proyectos en menos países, un programa menos ambicioso que focalizará la acción para alcanzar resultados más palpables.

Los países sombreados son los que reciben asistencia financiera de la UE Fuente: Comisión Europea

 

¿A qué países afectará?

En este sentido, parece que países como Brasil, Rusia o India dejarán de recibir financiación europea para proyectos de ayuda al desarrollo por considerar que cuentan con los recursos propios suficientes para actuar por sí mismos en la lucha contra la pobreza. No le falta sentido práctico a esta propuesta, ya que resulta paradójico que los ya emergidos BRICs reciban asistencia financiera de la UE cuando han sorteado la crisis financiera internacional mucho mejor que el viejo continente. Y esto también pretende dar un golpe de efecto a la doble baza que juegan diversos países como China, que saben explotar su condición de gran potencia cuando les interesa pero exprimen la lógica de país en vías de desarrollo tan rápido como les conviene.

Más cambios: la Política de Cohesión

La Política Regional de la UE se traduce en 3 ejes: el Fondo Europeo de Desarrollo Regional, el Fondo Social Europeo y el Fondo de Cohesión. Las 271 regiones de la UE se han ido beneficiando progresivamente de estos fondos de cohesión, que poco a poco han ido demandando mayor cuota en el presupuesto comunitario. De 2007 a 2013 se han destinado unos 50.000 millones de euros anuales a la Política de Cohesión de la UE, lo que representa un 35,7% del gasto total comunitario en esos siete años.

Pero el borrador de la reforma de la Política de Cohesión a partir de 2014 ya daba señas de que el presupuesto se concentraría lo máximo posible para conseguir mayor impacto con cada una de las inversiones, y añade un requisito: sólo se destinará dinero a los proyectos que contribuyan a la creación de empleo y al crecimiento diseñado en la Estrategia 2020.

Bruselas prevé 3 tipos de regiones en función de su PIB: las regiones de convergencia, que están por debajo del 75% del PIB de la media de la UE y concentran la mayor parte de los esfuerzos (reciben el 80% del presupuesto de la Política de Cohesión y en España son Galicia, Extremadura, Castilla-La Mancha y Extremadura); las regiones de competitividad, el grueso de regiones europeas, unas 170, y reciben el 16% del presupuesto; por último se encuentran las regiones más ricas, beneficiarias del 2,5% del presupuesto y en las que se fomenta la cooperación territorial.  Así clasificó Bruselas las regiones españolas para el periodo 2007 – 2013:

Fuente: Comisión Europea

¿Cómo afectará a España?

España ha sido el segundo país que más fondos de cohesión ha recibido en el marco presupuestario 2007-2013, después de Polonia. Pero la incorporación de los países del Este y el llamado ‘milagro español’ eran ya un preludio de que muy pronto nuestro país iba a dejar de recibir más dinero del que aporta.

La mala noticia llegó a finales de 2010, cuando la Comisión Europea informó de que Galicia, Castilla-La Mancha y Andalucía iban a dejar de ser objetivo prioritario de la Política Regional de la UE en 2014 al rebasar ligeramente el 75% del PIB medio comunitario y que únicamente Extremadura mantendría este status de cara a los próximos presupuestos.

Las oficinas regionales españolas en Bruselas se coordinaron inmediatamente y redactaron una posición común en la que lamentaban las nuevas directrices. Pero este trabajo rápido y coordinado no evitó esta nueva clasificación, aunque las presiones que recibió la Dirección General de Política Regional desde todos los frentes fructificaron en una nueva medida que creaba un nuevo tipo de regiones, denominadas en transición, que seguirán recibiendo fondos gradualmente hasta equipararse al porcentaje medio de riqueza europea.

En próximos posts analizaremos más aspectos de la UE que surgirá de los presupuestos 2014-2020 en sectores estratégicos clave como la Agricultura o la Política Exterior.


La gran red europea del transporte

La Comisión Europea ha presentado un ambicioso plan de transportes para conectar la Unión Europea mediante una gigantesca inversión, aunque la mayor parte del desembolso correrá a cargo de los Estados miembros.

Las negociaciones, debido a lo complejo y ambicioso del plan, han sido eternas. Sin contar con que aún faltan por dar su visto bueno el Consejo y el Parlamento. Conciliar los intereses de las regiones y estados de Europa no ha sido un asunto cualquiera, y aunque algunos han quedado fuera, la Dirección General de Transporte espera haber gestado un plan que a largo plazo (se prevé que en 2030) dotará a Europa de la infraestructura de mantenimiento necesaria para apoyar el mercado único, la competitividad y el desarrollo económico.

Durante el periodo 2014-2020, las arcas comunitarias pondrán en movimiento un fondo de 31.700 millones de euros que servirán de estímulo a las inversiones de los estados miembros y del sector privado hasta alcanzar los 500.000 millones que costará el proyecto en su totalidad hasta el año 2020.

Este complejo proyecto de transporte transfronterizo reforzará la libertad de movimiento personas, capitales, bienes y servicios de la Unión Europea.

¿En qué medida afecta este plan a España?

Nuestro país ha salido muy bien parado en el plan presentado por el comisario de Transporte, Siim Kallas, aunque hay que recordar que el gran peso de financiación corre a cargo del país en cuestión y no de la UE, que aportará alrededor del 20% del coste total y sólo cuando garantice que efectivamente el país en cuestión está comprometido a realizar la inversión.

Los corredores del Mediterráneo y del Atlántico suman en total 3.300 kilómetros, lo que les convierte en dos de los grandes proyectos europeos para la próxima década. Además, la Comisión los ha encuadrado en el ámbito de actuación prioritario por ser de naturaleza transfronteriza. Serán cruciales en la conexión con Portugal y Francia, en la descongestión de nudos, en cambiar la estructura radial de España -fuertemente centralizada en Madrid- y en reforzar la actividad portuaria del Mediterráneo, que acogerá gran parte del tráfico asiático que ahora reciben los puertos del norte de Europa.

También se han aprobado las conexiones del eje central, cantábrico-mediterránea y atlántico mediterránea.

Del Gobierno español no proviene la decisión de los itinerarios considerados básicos para Bruselas, pero hay que reconocer el empeño y éxito final del ministro José Blanco (el trazo escogido por la Comisión Europea coincide con el trazado por el Ministerio de Fomento), así como de lobby creado específicamente para defender este tramo en Bruselas y en general a la unión del tejido empresarial español.

+ INFO: listado de proyectos país por país / Nota de prensa de la Comisión Europea.


La eurozona ultima la puesta en marcha del fondo de rescate

Viñeta de Erlich en 'El País' 05/10/2011

Ha costado tres meses, pero al fin el fondo europeo de rescate ha sido ratificado por los 17 parlamentos nacionales de la eurozona. Esta medida es, por el momento, la gran baza del euro para hacer frente a la presión de los mercados. Queda por ver cómo se gestionará la movilización de este fondo de 440.000 millones de euros.

La ampliación del fondo de rescate que pactaron los jefes de Gobierno de la eurozona el pasado mes de julio ha sido al fin ratificada por los 17 parlamentos nacionales de los países que integran el euro.

Las votaciones han sido un largo recorrido de prácticamente 3 meses y se encontró un último escollo en Eslovaquia, cuando su primera ministra fue incapaz de convencer al grupo liberal (formación con la que gobierna en coalición) y no consiguió el apoyo necesario para sacar adelante el aval del parlamento. La propuesta quedó rechazada tras conseguir únicamente 55 votos a favor de los 76 que eran necesarios en un parlamento de 150 diputados.

Este traspié no supuso nunca ningún peligro real para la aprobación del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF), pues el líder de la oposición confirmó de antemano que votaría a favor del mismo en la segunda y decisiva votación. Lo que sí ha hecho ha sido poner en primera plana, una vez más, la dificultad y falta de consenso en la eurozona por acordar los mecanismos necesarios para hacer frente a la crisis financiera más áspera en la historia del euro.

No es la primera vez que Eslovaquia rechaza mover sus recursos financieros en pro de países en apuros, pues ya en agosto de 2010 decidió quedarse fuera del rescate a Grecia acordado por los países del euro, al que debía contribuir con 816 millones (apenas un 1,02% del total). Su primera ministra lo argumentó diciendo que no es justo “que reciba el dinero gente que ha actuado de manera irresponsable”.

Herman Van Rompuy, presidente del Consejo Europeo y José Manuel Barroso, presidente de la Comisión Europea, emitieron un comunicado en el que recordaban “la importancia crítica de sacar adelante un Fondo Europeo de Estabilidad Financiera ampliado y más flexible para preservar la estabilidad financiera en la eurozona”.

La base legal del FEEF es el artículo 122 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea –ratificado por los 27 parlamentos nacionales de los estados miembros, que especifica lo siguiente: “En caso de dificultades o en caso de serio riesgo de dificultades graves en un Estado miembro, ocasionadas por catástrofes naturales o acontecimientos excepcionales que dicho Estado no pudiere controlar, el Consejo, a propuesta de la Comisión, podrá acordar, en determinadas condiciones, una ayuda financiera de la Unión al Estado miembro en cuestión”.

La cumbre europea del próximo 23 de octubre tendrá como objetivo abordar la implementación del fondo de rescate, la recapitalización de los bancos y las continuadas rebajas de las calificaciones de deuda por parte de las agencias de calificación, que tienen ahora en el punto de mira a Bélgica.


El ‘no’ de Eslovaquia

La zancadilla puesta por el parlamento eslovaco al Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF) no es un revés para la UE ni para el propio fondo. La votación del pasado martes sólo fue una artimaña de la oposición para forzar la caída del Gobierno y un adelanto electoral debido a que la primera ministra, la conservadora Iveta Radicova, había vinculado su permanencia en el poder al resultado de la votación.

El jefe de la oposición aclaró que su partido estaba a favor del FEEF, que lo consideraba una prioridad y aseguró que votaría por el mismo en la segunda votación. De ahí que los medios deberían evitar titulares sensacionalistas que especulan con escenarios improbables, porque de los 17 países que deben ratificar el FEEF, 16 ya lo han hecho y sólo queda Eslovaquia, que en cuestión de días dará el sí.

Esto no quiere decir que debamos obviar las posturas reticentes a desembolsar dinero público europeo para echar una mano a países en apuros. La propia Eslovaquia ya se negó el año pasado a participar en el plan de rescate a Grecia. Pero estas posturas deben entenderse más como el rechazo o miedo a arriesgar todavía más dinero que como un auge del euroescepticismo. Porque tal y como señaló Andreu Missé en El País, “A la hora de votar, el rechazo a nuevos desembolsos no se ha traducido en un empuje de los euroescépticos”.

Aunque muchos líderes no estén haciendo gala de empatía hacia los países en problemas, los Tratados de la UE preservan el irrenunciable principio de solidaridad. Y la base legal para el FEEF está en el artículo 122 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea:

Artículo 122.

(…) En caso de dificultades o en caso de serio riesgo de dificultades graves en un Estado miembro, ocasionadas por catástrofes naturales o acontecimientos excepcionales que dicho Estado no pudiere controlar, el Consejo, a propuesta de la Comisión, podrá acordar, en determinadas condiciones, una ayuda financiera de la Unión al Estado miembro en cuestión


Abran paso a los BRIC 2.0.

La crisis financiera internacional ha propiciado un nuevo orden en el tablero mundial. Estados Unidos y Europa, afectados por los problemas de deuda y sufriendo la acuciante presión de los mercados, han cedido parte de su poder geoestratégico a potencias emergentes.

Jim O’Neill, economista global de Goldman Sachs, acuñaba en octubre de 2003 el término BRIC para referirse a cuatro economías emergentes que estarían llamadas a cambiar el orden geoestratégico mundial. Brasil, Rusia, India y China no sólo aglutinan grandes reservas de recursos naturales y un importante porcentaje de la población mundial, sino además un potencial de crecimiento e inversión arrollador. 8 años después, resulta evidente que el orden mundial ha cambiado y que los denominados “países emergentes” ya han emergido. Y han emergido hasta el punto de plantearse comprar títulos de deuda de la zona euro para evitar un posible contagio en sus economías.

Si bien las previsiones de Goldman Sachs emplazaban al año 2050 para ver efectos tangibles del auge de los BRIC, parece que la crisis financiera internacional ha acelerado los acontecimientos. Ya en 2010, China desbancaba a Japón como segunda economía mundial, al alcanzar su PIB los 5,8 billones de dólares frente a los 5,4 del japonés. Se estima que en 2030, el 40% de la población mundial residirá en China e India. Brasil se ha convertido recientemente en la octava economía del mundo tras adelantar a España y Canadá, y se espera que, ya en esta década, ocupe el 5º puesto dejando atrás a Francia y Reino Unido. Rusia, por su parte, tiene las octavas reservas mundiales de petróleo y las primeras de gas, hasta el punto de que sus exportaciones de energía representan cerca del 30% de su PIB.

Estos factores han propiciado el surgimiento de una nueva generación de “BRICs”, países que, por su potencial de crecimiento, dinamismo y atractivo para los inversores se perfilan como agentes a tener en cuenta en el contexto internacional. El siglo XXI estará marcado por un importante desplazamiento de las placas del poder mundial, y parece que los únicos capaces de hacer frente al aterrizaje de estas potencias serán Estados Unidos, Japón y Alemania. Hoy Goldman Sachs propone unir a los BRIC las siglas MIST por considerar que México, Indonesia, Corea del Sur y Turquía dan motivos más que evidentes para ser tenidos en cuenta. Por otro lado, Robert Ward, director de la estadounidense Economist Intelligence Unit, acuñó el acrónimo CIVETS para referirse a Colombia, Indonesia, Vietnam, Egipto, Turquía y Suráfrica por su economía diversificada y dinámica y por tener una población joven y creciente.

JP Morgan, por su parte, agrupó a Vietnam, Indonesia, Suráfrica, Turquía, Argentina bajo las siglas VISTA, mientras que el banco español BBVA acuñó el acrónimo EAGLE para países emergentes como Corea del Sur, Indonesia, México, Turquía, Egipto y Taiwán, que junto a los BRIC contribuirán más al crecimiento mundial que la media de los países desarrollados grandes.

El padre intelectual del concepto BRIC, Jim O’Neill, revisa a día de hoy su teoría y ya habla de los “Next Eleven” o N-11: Bangladesh, Egipto, Indonesia, Irán, Corea del Sur, México, Nigeria, Pakistán, Filipinas, Turquía y Vietnam.

No obstante, habrá que esperar a que estas economías evolucionen y consoliden su crecimiento para situarlas definitivamente en el tablero económico mundial. Ningún analista es capaz hoy de predecir cómo un país como, por ejemplo, China, va a responder ante las crecientes fricciones del poder con la emergente clase media, que ya está reclamando derechos sociales. O cómo la India va a gestionar un crecimiento económico espectacular con tasas de pobreza absoluta del 22%. Los procesos económicos están sujetos también a condicionantes sociales y políticos, muchos de ellos impredecibles. Lo que sí es seguro es que, en este escenario globalizado, los papeles protagonistas son y serán cada vez más difusos.


Luchen por Europa

Viñeta de Farruqo en El Economista / 07/09/2011

El suplemento ‘Domingo’, del diario ‘El País’, incluye en su edición de hoy un interesante artículo de Soledad Gallego-Díaz. La periodista, como siempre, habla claro. Y no vacila al escribir:

“Lo más lastimoso es que el proyecto de la Unión Europea, ahora en peligro, es realmente el único que ha supuesto una alternativa, un modelo de organización social y económica distinto del estadounidense, un ejemplo altamente seductor para medio mundo. Europa ha sabido crear un espacio geopolítico alternativo, mostrarse ante la humanidad como una forma de organización social distinta de la norteamericana y despertar la esperanza en un modelo exitoso, basado en compromisos sociales, aceptados no solo por los socialdemócratas, sino también por liberales y conservadores. (…) No es solo cuestión de derechas o izquierdas. Es cuestión de creer en Europa o no y de estar dispuesto a luchar por ella”.