6.400 millones para revolucionar Europa

La crisis económica que atraviesa la Unión Europea ha provocado un freno a la inversión y al gasto público en la gran mayoría de los Estados miembros. La prioridad de reducir el déficit ha pasado a primer plano, lo que ha provocado recortes históricos que muchos analistas definen como incompatibles para dar el salto necesario a la sociedad del conocimiento y, en el caso concreto de España, a la creación de un modelo de crecimiento que no esté basado en el ladrillo.

En este momento económico complicado es cuando la UE necesita de más recursos para alcanzar sus objetivos de cara al año 2020, una meta que se toma desde Bruselas como un reto personal después de que la Estrategia de Lisboa (que marcaba una serie de metas para 2010) fracasara estrepitosamente.

El Séptimo Programa Marco es la herramienta de la UE para financiar la investigación, con una duración de 7 años (programado hasta el año 2013, cuando entrará en marcha el Octavo Programa Marco). Es un programa específico destinado a hacer realidad eso de lo que tanto hablan los políticos, una idea que parece que tienen clara y un objetivo que siempre dicen pretender alcanzar pero en el que la aportación de ideas e iniciativas brilla por su ausencia.

Bruselas responde con hechos y respalda con decisiones concretas esas palabras, muchas veces vacías, de los líderes nacionales. Dicho de otra manera: a veces es la única que tira del carro. Cuando casi todos los políticos están pensando en las vacaciones y reducen sus agendas y su carga de trabajo en esta fecha del año, la Comisión ha presentado un complejo plan de acción de 6.400 millones de euros.

Se trata de la mayor inversión europea de la historia en investigación e innovación. Subvenciones que se concederán mediante invitaciones a licitar que se ejecutarán en los próximos 14 meses y que van destinadas a crear más de 165.000 puestos de trabajo apostando por las Tecnologías de la información y la comunicación, la eficiencia energética, universidades e industria, y con vocación de que todos estos proyectos los desarrollen las PYMES, que constituyen el 99% de todas las empresas europeas.


Lady Ashton y el futuro de Europa

La Unión Europea tiene ministra de Asuntos Exteriores desde diciembre de 2009. Lo es, aunque por presiones de algunos países se le haya tenido que dar un nombre descafeinado que ha desconcertado a la comunidad internacional. Pero sin entrar en polémicas de nombre del cargo de la ‘Alta Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad’, y a 8 meses vista desde que estrenó su despacho, ha sido francamente decepcionante su labor como jefa de la diplomacia europea.

En un principio pareció que su talante discreto daría como fruto un trabajo eficiente y algunos logros sin necesidad de titulares ni portadas. Pero la mayoría de sus intervenciones han sido escuetos comunicados a reacciones de la política mundial que se han publicado poco más que en la web de la Presidencia de turno de la UE.

Siendo justos, hay que reconocer que no todo es culpa suya: la Unión Europea ha perdido peso en la escena internacional y hacerte oír en un mundo en el que nadie te mira para tomar las grandes decisiones es tarea ardua para cualquiera.

Para que su mando empiece a tomar forma tendrá que entrar en funcionamiento el Servicio de Acción Exterior para que el que la UE ha previsto una gran cantidad de millones de euros en una de las etapas económicas más complicadas de su historia.

La UE necesita una diplomacia estructurada y coordinada, con una sola voz y que se mantenga activa y luchadora. Que no repare en energías para hacer que se le escuche y quizá una retórica más atrevida que se salga de las complicadas construcciones gramaticales para ir directa al grano. Todo ello para asegurar que ese dineral que tanta falta le hace a Europa en estos momentos se va a emplear para conseguir resultados.


El complicado laberinto belga

Bélgica es uno de los padres fundadores de lo que actualmente conocemos como Unión Europea. Es un país al que se considera “corazón de Europa” y cuya capital aglutina las principales instituciones de la UE. Es paradójico, no obstante, que la capital de Europa no sea el vivo ejemplo del lema comunitario “Unidos en la diversidad”.

El siglo XIX siempre será estudiado como el siglo de las revoluciones; y fue precisamente una revolución lo que convirtió a este país en una monarquía en torno a la cual orbitarían las élites francófonas.

 Geográficamente, Bélgica es un país que funciona al estilo federal con una línea divisoria que marca una inevitable frontera entre las dos comunidades que lo habitan: los flamencos y los valones (francófonos). Históricamente, la comunidad flamenca ha pasado de ser una comunidad infrarrepresentada a hacerse con el timón del país y constituir lo que actualmente supone cerca del 70% de la población belga.
 Pero en medio de esta frontera se encuentra el distrito electoral BHV (que engloba a las ciudades de Bruselas, Hal y Vilvoorde), geográficamente situado en la parte flamenca pero formalmente habitado en su mayoría por valones. La ley electoral belga define el voto como obligatorio, es decir: no acudir a las urnas es motivo de sanción en este país. Y al tener un modelo federalista, cada región tiene sus partidos políticos (por ejemplo, hay un Partido Socialista valón y un Partido Socialista flamenco), por lo que si eres valón y residente en Hal, no podrás votar ya que sólo puedes votar a los partidos valones, que en esa circunscripción no se presentan.

Para acabar con esta contradicción, desde 1963 el distrito BHV tiene una serie de “facilidades”, de tal manera que los valones pudieran ejercer sus derechos. Sin embargo, en 2003 el Tribunal Constitucional declaró ilegal esta situación, alegando, entre otras cosas, que los candidatos a las elecciones en la parte flamenca juegan con desventaja porque compiten con candidatos de fuera de su provincia. Este conflicto es lo que tumbó al Gobierno de Yves Leterme en abril de 2010, que presentó su dimisión al verse incapaz de encontrar una salida.

Bruselas goza de un estatuto especial bilingüe que en realidad sería la solución más viable si éste se extendiese en todo el país (siempre y cuando los flamencos estuvieran dispuestos a ceder, algo implanteable hoy por hoy).

En este complejo organigrama, el rey (que tiene unos poderes muy limitados) ejerce un papel simbólico de unión vital para que Bélgica siga siendo Bélgica. Y dentro de este panorama, frustra ver que la enemistad popular entre flamencos y valones es nula y que todo se trata, una vez más, de tensiones entre políticos que están fragmentando un país al que algunos analistas auguran pocos años de vida.

Presidencia belga por todo lo alto

Los belgas se sentían avergonzados por la imagen política de su país cuando el primer ministro Yves Leterme se veía en un callejón sin salida que le hizo dimitir 2 meses antes de que Bruselas ostentara la Presidencia rotatoria de la Unión Europea.

Ante las dudas generadas y las críticas hacia la Unión Europea, que salía de una Presidencia española que se esperaba ambiciosa y quedó muy descafeinada, Herman Van Rompuy (actual “Mr Europa” y que precisamente es de origen belga) se ha tomado como algo personal que la Presidencia belga defienda un papel humilde y digno.
Apenas después de un semestre en el cargo de Presidente estable del Consejo Europeo, toma lasriendas de la UE en un momento en que tanto la propia UE como Bélgica lo necesitaban.

La fiesta de apertura de la Presidencia belga se convirtió en un espectáculo visual y auditivo a los pies del Parlamento Europeo, derroche de imaginación y fuegos artificiales enmarcados en la Plaza de Luxemburgo, uno de los sitios que mejor representan el status de Bruselas como capital europea.

El espectacular escenario cerró su repertorio con la actuación de Stromae , el cantautor de origen belga y ruandés más internacional del país en este momento.

Quizá lo que menos gustó a los belgas fue enterarse de que el evento costó cerca de 2 millones de euros. Acostumbrados a este tipo de derroches con cenas elitistas en barrocos salones, por lo menos es mejor gastar este dineral para ofrecer una noche inolvidable a más de 20.000 personas.

El poli malo

 

 

Comisión Europea. Edificio Berlaymont. BruselasLa actual composición de la Comisión Europea, bajo el mandato de Barroso y en vigor desde febrero de 2010, lucha por hacer suyo el eslogan “La UE existe para facilitar la vida a los ciudadanos”.

En efecto, Neelie Kroes, comisaria de Agenda Digital, está luchando por reducir las animaladas que tenemos que pagar por recibir o realizar una llamada cuando viajamos por Europa; Günther Oettinger, comisario de Energía, se ha propuesto acabar su mandato con una Europa menos dependiente energéticamente, que no sufra con cada tensión gasísitica entre Rusia y Ucrania y que sea capaz de abastecerse en gran medida de manera autónoma por fuentes renovables.

Esto son sólo dos ejemplos de cómo el Ejecutivo comunitario intenta cambiar los aspectos más cotidianos del indidivuo, para demostrar que Bruselas no está tan lejos y que realmente importa porque tiene poder para legislar en cada vez más aspectos de nuestra vida. El problema viene cuando se convierte en el poli malo o en el padre gruñón. Éste ha sido el papel que viene desempeñando desde las convulsiones vividas en Europa por la crisis. Apelando a la responsabilidad ha apretado las tuercas a la mayoría de los Estados miembros para regañarles por lo que habían gastado y lo poco que habían previsto.

Los gobiernos nacionales, que por el momento se están mostrando bastante disciplinados, responden las órdenes de Bruselas con puntualidad y sin rechistar, y toman esas medidas que tanto nos están doliendo a los ciudadanos bajo el pretexto de “esto viene de Bruselas”.

Todas las instituciones de la Unión Europea están tintadas de azul puesto que tanto el Parlamento (con amplia mayoría del PPE), como el Consejo (cuyos miembros pertenecen en su mayoría a las familias conservadoras europeas) y la Comisión (ídem) están aplicando un feroz ideario liberal que está frenando el gasto público con el objetivo de eliminar los números rojos.

Hoy en día Europa es de derechas y quién sabe por dónde andarían las medidas tomadas si el color político de las instituciones fuera otro. Para colmo, y en su intención de ganarse la simpatía de la gente, la Comisión publica un informe (bienr razonado, todo hay que decirlo) que recomienda atrasar la edad de jubilación hasta los 70 años. Contentos nos tienen…

Consultar el Libro Verde de la Comisión hacia un sistema europeo de pensiones adecuado, sostenible y seguro. (No disponible en castellano).